El cuero se cuida limpiándolo con un paño seco después de cada uso, hidratándolo cada tanto con una crema específica y guardándolo lejos de la humedad y el sol directo. Con estos hábitos simples, tus botas, borcegos y carteras se mantienen como nuevas durante muchos años. Te dejamos la rutina completa paso a paso.
Después de usarlos, pasales un paño seco o apenas húmedo para sacar el polvo y la tierra. Si te agarró barro, esperá que se seque y recién ahí cepillá suavemente: si lo frotás mojado, lo empujás dentro del cuero y mancha más.
El cuero es piel, y como toda piel se reseca. Cada tanto aplicá una crema o pomada específica para cuero con movimientos circulares y dejá que se absorba. Esto evita que se cuartee y le devuelve el brillo. No uses productos con alcohol ni cremas de mano: resecan.
Si tus botas se mojaron con lluvia, secalas a temperatura ambiente, nunca con estufa ni secador: el calor directo cuartea el cuero. Rellenalas con papel para que mantengan la forma mientras se secan.
¿Cada cuánto hay que hidratar el cuero? Como referencia, una vez por mes si lo usás seguido. Si notás el cuero opaco o reseco, es momento de hidratarlo aunque haya pasado menos tiempo.
¿Se puede limpiar el cuero con agua? Con un paño apenas húmedo, sí. Lo que hay que evitar es mojarlo mucho o sumergirlo, porque el exceso de agua lo mancha y lo endurece.
¿Cómo saco una mancha del cuero? Probá primero con un paño seco. Si no sale, usá un producto específico para cuero en una zona poco visible antes de aplicarlo en toda la pieza. Evitá remedios caseros agresivos.
¿El mismo cuidado sirve para las carteras? Sí. Botas, borcegos y carteras de cuero se cuidan igual: limpieza seca frecuente, hidratación cada tanto y buen guardado lejos de la humedad.